Álex Quiñónez a las puertas del Olimpo
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Era un regalo de cumpleaños anticipado y él lo convirtió en leyenda. Álex Quiñónez abre las puertas del Olimpo de los Juegos en una segunda serie de 200 metros que lideró el todopoderoso jamaiquino Usain Bolt.
El de Esmeraldas no se conformó con su sueño de correr una vez cerca de este astro, el deportista más influyente de la historia del atletismo. Quiñónez se clasificó para la final y Ecuador grita con orgullo su nombre. Una exhibición que sobrevivirá a muchas generaciones.
A dos días de cumplir 23 años, el velocista ecuatoriano se consagra en la élite del rey de los deportes olímpicos. Él había llegado a las semifinales de 200 metros con la mejor marca de todos los participantes. Un registro de 20:28 segundos, plusmarca personal, que llevó el nombre de Ecuador a las cuatro esquinas del planeta.
En una segunda serie, marcada por la presencia del hombre más rápido del globo, Quiñónez trató de alimentar su gesta y entrar en una final que volverá a paralizar el mundo. Y lo consiguió. La gloria pertenece a los valientes y él es uno de ellos. El segundo momento más esperado en Londres -el primero fue la batalla de los 100 metros- tendrá como testigo a la ‘bala’ de Esmeraldas.
El ecuatoriano acabó en tercera posición con un tiempo final de 20:37 y una progresión que hizo tiritar al mismísimo zen del atletismo. Se clasificó por tiempos y le faltó un suspiro para cazar a Usain y al sudafricano que le precedía. Bolt invirtió 20:18 segundos en los que reservó una parte de sus fuerzas. Yohan Blake, su amigo, su compañero de entrenamientos y principal rival es consciente de una máxima: si Bolt está bien, solo una catástrofe puede impedir su reinado.
En medio de la lucha por conseguir la corona del doble hectómetro estará Quiñónez. Un atleta que tiene el cielo ante sus ojos. Joven, seguro, fiable. A nada que el velocista de Esmeraldas mejore su puesta en escena, Ecuador tendrá uno de los cohetes más certeros a 200 metros del objetivo. El atleta deberá pulir algo su salida y trabajar duro para poder rebajar su tiempo en los 100 metros, dos décimas al menos. Eso le ayudará a batir poco a poco su espectacular marca en 200. Su proyección es bestial en una de las pruebas que monopolizan los jamaiquinos. Quizá, en unos años, haya un peldaño del podio reservado para Ecuador. Sin embargo, con Quiñónez, los años se convierten en días.
El futuro pertenece a atletas de su capacidad mental. Un velocista que no tiene miedo a aguantar la mirada a los dioses de la velocidad. A Londres llegó una promesa, de Londres saldrá una realidad. Esmeraldas exhibe uno de sus diamantes más preciados. El cumpleaños más feliz de Álex es el de 2012. El verano en el que un velocista ecuatoriano hizo temblar a los hombres más rápidos que jamás han existido. Y para muestra de lo que vivió ayer, recién cuando salió del examen de dopaje, conoció que había clasificado.
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