El apoyo de la familia y amigos
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Los preparativos empezaron desde temprano. Limpiaron la sillas plásticas y adecuaron el área en donde estuvo el televisor plasma de 32 pulgadas.
Entre los familiares del atleta Álex Quiñónez había una mezcla de alegría y nerviosismo, por su competición. Se enfrentaba a los más grandes competidores en los 200 metros planos.
En un cuarto de la casa, en el barrio Unión y Progreso o La Guacharaca, había una bandeja de golosinas de las que le gustan a Quiñónez. Caramelos de leche, chocolates y paletas dulces para los más pequeños.
Antonia Quiñónez, tía de Álex, sacudió los asientos para recibir a los invitados. A las 13:30, 10 personas ya estaban en la casa del deportista. Esperaban impacientes. 10 minutos después llegaron cinco amigos de la familia para ver la competición.
La algarabía y el nerviosismo se sentían en todo el sitio. La primera aparición del ecuatoriano, que está entre los mejores del mundo, provocó el estallido de la gente.
“Ese es Álex, nuestro representante y crédito nacional”, dijeron emocionados los amigos y familiares. Su abuela, Elena Perea, vestida de verde esperanza, encomendaba a Dios sus oraciones. No sacó su mirada de la pantalla.
Desde el arranque de la competencia las 15 personas, reunidas en la casa de Álex alentaron siempre. ¡Corre Álex! ¡Corre Álex! Eran los gritos que se escuchaban en toda la manzana.
Los eufóricos asistentes gritaron hasta quedar sin aliento, tras los 20 segundo 37 centésimas que duró la competición de Quiñónez. No había servicio de televisión pagada, por eso sus tías y amigos se conectaron de la señal de un canal nacional, que interrumpió su programación para ver la competencia.
El profesor Roberto Erazo observó desde su casa. Fue uno de los más emocionados. Sobre su escritorio tenía los recortes de prensa de toda la trayectoria del velocista ecuatoriano.
Él guarda celosamente los documentos con todas las marcas impuesta por el deportista, el que descubrió cuando tenía 11 años. Fue su primer entrenador.
Los amigos de Quiñónez se reúnen hoy para la final. Ellos ya piensan en mirar la prueba con mariscos y salsa, dos de las grandes pasiones del competidor. La madre del Quiñónez, volvió a acariciar cada una de las 116 medallas que ha obtenido su hijo desde que inició sus competiciones. Ella dice que no para de rezar para que su hijo saque fuerzas y dé al país una medalla olímpica.
La fiesta también se vivió en Guayaquil. Allí, Julia Ortiz, quien ayudó en la crianza al deportista, se emocionó al ver correr a Quiñónez. La señora se reunió con una de sus hijas y sus nietos para ver la competencia en un televisor de 32 pulgadas, en una de las habitaciones de la casa en la que vivió el corredor esmeraldeño.
Hoy está atenta de nuevo a la proeza de su “mimado”.
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