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El 6 de agosto del 2001, el presidente de ese entonces en Estados Unidos, George W. Bush, recibió un informe de las agencias de Inteligencia en el que se advertía que Osama Bin Laden (líder de Al Qaeda) tenía decidido “atacar a Estados Unidos”.

Poco días después, en aquel fatídico 11 de septiembre, dos aviones colisionaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, el mayor golpe terrorista en territorio de EE.UU.

Fue “la sordera previa a la tormenta”, según una columna escrita por Kurt Eichenwald en el influyente diario The New York Times, a propósito de los 11 años del evento que cambió el concepto de seguridad del mundo.

Según el periodista, “la controversia que provocó ese documento no es tan impactante como los escritos que le precedieron”.

En el mismo informe, el 1 de mayo, la CIA reportó a la Casa Blanca que “un grupo con presencia en Estados Unidos planificaba una operación terrorista. Semanas después, el 22 de junio, el informe diario de la Central de Inteligencia alertaba que ‘el golpe era inminente’ aunque la Inteligencia sugirió que el marco de tiempo era flexible”.

No obstante, ni la Casa Blanca ni el Pentágono lanzaron alarmas, pues sostenían que se trataba de una acción de Al Qaeda para distraer la atención de una amenaza real: Iraq.

“¿Pudo detenerse el ataque del 9-11, reaccionó con la urgencia debida a las advertencias de todos los informes diarios? Eso es algo que nunca podremos saber. Y eso puede ser la realidad más dolorosa de todas”, finaliza la nota de Eichenwald.

Derechos de los enfermos

Mientras tanto, en Nueva York, en una sobria pero emotiva ceremonia en homenaje a las 2 983 víctimas del ataque, 200 personas (en turnos de dos parejas) leyeron los nombres de los fallecidos en orden alfabético.

Pero más allá de la ceremonia, que transcurre año tras año con el mismo ritual, la novedad de esta ocasión ha sido que las autoridades de distinto nivel han resuelto, aunque sea con mucho retraso, algunas de las principales reivindicaciones de las víctimas y de las personas que trabajaron en lo que entonces se llamó la Zona Cero.

Las autoridades federales de salud anunciaron que van a incluir unos 50 tipos de cáncer a las enfermedades que sufren habitantes de la zona, miembros de los servicios de emergencia y trabajadores que participaron en el desescombro tras los atentados.

La decisión del doctor John Howard, director del Instituto Nacional para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, culmina una vieja reivindicación de muchos enfermos y activistas, convencidos de que ha habido muchos casos de cáncer contraídos por respirar el polvo impregnado de toxinas tras el derrumbamiento de las Torres.

Un fondo de USD 4 300 millones fue creado para gastos por asma, depresión, ansiedad y múltiples dolores de las personas que tuvieron que respirar durante varias semanas el polvo tóxico que manaba de los escombros. Pero los enfermos de cáncer, que aseguran hay un vínculo entre su enfermedad y los atentados, no podían beneficiarse de este dinero.

Más seguridad

El presidente  Barack  Obama afirmó ayer durante el homenaje por el 11-S   que “Estados Unidos es hoy más fuerte y más seguro” y que “Osama bin Laden no nos amenazará más”.   

Tanto  Obama  como su rival republicano a la Presidencia,  Mitt Romney, suspendieron ayer sus campañas políticas.  

Ayer se selló un acuerdo  para concluir el Memorial en donde ocurrió el ataque.

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