Henrique Capriles libra su más dura batalla
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El presidente Hugo Chávez Frías, su rival en la carrera electoral por la Presidencia de Venezuela, lo llama despectivamente ‘majunche’. Este es un localismo que se aplica a una persona que carece de atractivo o cualidades.
Pero Henrique Capriles Radonski (Caracas, 11 de julio de 1972) parece estar muy lejos del apelativo que le endilga casi a diario el Comandante de la denominada revolución bolivariana, con quien libra una batalla que puede modificar la historia venezolana.
Es más: está empeñado en enviar al retiro al ex teniente coronel de Paracaidistas, su adversario en los comicios del 7 de octubre, que ha gobernado el país petrolero con un proyecto político cargado de controversia y ha controlado todos los resortes del poder, a lo largo de casi 14 años.
En su papel de nuevo fenómeno político en el país del Libertador Simón Bolívar ha acuñado el lema “Hay un camino”, se ha puesto una gorra beisbolera con los colores de la bandera venezolana y ha irritado al oficialismo. Una gorra que ahora se vende como pan caliente entre los opositores.
Asimismo, ha disparado frases como esta: “No más cháchara y mentiras. Nuestra Venezuela merece un Presidente que haga su trabajo. El cambio lo construimos juntos…”.
También ha etiquetado a su oponente como “candidato del pasado” y ha logrado que este, las veces que aparece, se refiera más a menudo a sus ofertas electorales que a las propias del oficialismo.
¿Cuáles son las armas que dispone el político de 40 años, para desafiar al chavismo y taladrar los cimientos de este? En contraste con el líder bolivariano, exhibe juventud, salud y trae un aire fresco a la escena política del país más polarizado de América Latina. Así lo sostiene el politólogo venezolano Benigno Alarcón, director de la Unidad de Políticas Públicas de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas.
“La frescura y la juventud frente al cansancio y el desgaste”, señala el columnista Juan Manuel Muller, al hacer una comparación entre Capriles y el actual gobernante, de 58 años y que padece las secuelas de un cáncer, cuya naturaleza se mantiene como secreto de Estado.
Justamente, una suerte de precocidad, combinada con la juventud, pareciera ser el hilo conductor de la hoja de vida del aspirante presidencial de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), un activo usuario de las redes sociales, que son empleadas como tribuna de sus posturas políticas.
Así, en Twitter cuenta con unos 1,2 millones de seguidores y dispara a diario mensajes provocadores y que evidencian su optimismo. “Falta 1 mes. 30 días para abrirle las puertas al futuro”, consignó, por ejemplo, el pasado 7 de septiembre.
A los 22 años se graduó de abogado en la Facultad de Derecho de la UCAB. Y en 1998 fue electo diputado del entonces bicameral Congreso de la República. En ese mismo período, accedió a la Presidencia de la Cámara de Diputados y a la Vicepresidencia del Poder Legislativo. De esa manera se convirtió en el político venezolano más joven en desempeñar esas funciones, que debió dejar en 1999, por efecto de la disolución del Parlamento, que dio paso a la actual Asamblea Nacional y al inicio del control de todos los poderes por parte del chavismo.
El también columnista Simón García encuentra otra fortaleza del político y letrado, cuya madre, Mónica Radonski Bochenek, integrante de una familia con raíces judías, polacas y rusas, halló refugio en Venezuela de la barbarie del Holocausto judío y la Segunda Guerra Mundial. “Nunca para. Es un hombre de suerte y siempre ha sido un ganador”.
En efecto, hasta el momento ha vencido en todas las contiendas electorales en las que ha participado. En el 2000, fundó el movimiento Primero Justicia y se impuso en las elecciones para la Alcaldía del Municipio Baruta, cargo en el cual fue reelegido para un segundo período y que dejó con un avance admirable en materia de seguridad. Esta es una de las falencias que se achacan al régimen chavista.
Ocho años más adelante, llegó a la Gobernación del estado de Miranda, luego de superar claramente en las urnas al candidato oficialista Diosdado Cabello, uno de los “delfines” del presidente Hugo Chávez.
Y el pasado 12 de febrero, con el apoyo de casi dos millones de partidarios en unas primarias en las que participaron tres millones de electores, se colgó el rótulo de candidato presidencial de la oposición venezolana. De paso, asumió el desafío de enfrentarse con la enorme maquinaria chavista.
“Al elegirnos, el mensaje es muy claro: los venezolanos están cansados de la confrontación (…) Este es un país que se lo come la violencia”, declaró en ese entonces el político, que hasta el momento ha recorrido más de 210 localidades, en claro contraste con su oponente, quien hace esporádicas apariciones en actos de masas.
Pero la juventud no es la única ventaja que Capriles Radonski muestra a los electores venezolanos, según señala el analista Juan Luis Modolell. “Es la antítesis de Chávez, evita la confrontación y trata de conciliar, aunque sí se ha mostrado punzante”, dice el Decano de la Facultad de Derecho de la UCAB. Y asegura que el aspirante presidencial de la MUD “es una persona que trabaja en equipo y que escucha a los demás y se deja asesorar”, al tiempo que recuerda “que era un alumno promedio, que no destacaba”. Un estudiante promedio que desde sus años de universidad demostró inclinaciones políticas, recuerda Gustavo Briceño, quien fuera su profesor en el quinto curso.
Ahora el ex universitario que no descollaba en Derecho y que pertenece a una familia con intereses en el sector empresarial, en especial en la comunicación y en el entretenimiento, agujerea los fundamentos de un proyecto político que ha dividido a Venezuela.
Además, ha puesto a su país al borde de un nuevo comienzo, como ha anticipado el observador chileno Fernando Mires, catedrático de la Universidad de Oldenburg, en Alemania, y autor de artículos y libros sobre política internacional. Un nuevo comienzo que puede posicionar al ex Gobernador de Miranda, si gana las elecciones del 7 de octubre como lo pronostican algunas encuestas, como un actor decisivo en asuntos de la región.
Cuba y guerrilla, 2 casos espinosos
En sus recorridos y mensajes electorales, Henrique Capriles ha esbozado algunas líneas de lo que hará su gobierno en política exterior, si finalmente vence en los comicios del 7 de octubre.
El candidato, en abierta contraposición a los lineamientos internacionales del gobierno de Chávez, ha hecho anuncios que levantan ronchas en el oficialismo. Y esas posturas con seguridad tendrán incidencia en América Latina. Por ejemplo, Capriles ha adelantado que cerrará el grifo de la entrega de petróleo subsidiado a terceros países, entre los cuales se incluye Cuba, que ha encontrado en el Régimen chavista un mecenas y un salvavidas para su agónica revolución.
“No vamos a regalar una gota de petróleo mientras haya un venezolano que necesite nuestra ayuda”, dijo en torno a un acuerdo suscrito entre Caracas y La Habana.
El convenio permite que Venezuela suministre a Cuba alrededor de 100 000 barriles diarios de crudo, a cambio de la presencia en la República Bolivariana de unos 31 000 médicos cubanos que laboran en el programa oficialista Barrio Adentro.
Precisamente, con la isla caribeña gobernada por el castrismo desde 1959 se relaciona uno de los puntos opacos de la hoja de vida del candidato presidencial de la MUD. En el 2002, fue encarcelado durante 120 días por su presunta participación en una confusa incursión a la Embajada de
Cuba en Caracas, el 12 abril de ese año, cuando Chávez fue sacado del poder durante unas 40 horas. En principio fue sobreseído por un tribunal caraqueño, pero posteriormente se reactivó la indagación judicial en su contra.
Otro anuncio, que realizó en San Antonio del Táchira en esta semana, tiene que ver con el retorno de Venezuela a la Comunidad Andina de Naciones. En la misma localidad, en la franja fronteriza con Colombia, hizo otra declaración. “Venezuela no será refugio para grupos armados, ni refugio para la guerrilla ni refugio para grupos paramilitares ni refugio para grupos que secuestran, que están en el narcotráfico, que asesinan”, dijo.
Sus dichos implicaron un tácito reconocimiento de que Venezuela es utilizado como una guarida por parte de los grupos guerrilleros y bandas criminales de Colombia.


