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Dennis Rodríguez, corresponsal en Bogotá

Por ti vale la pena morir ...¿O no, mi amor? Las dos frases de Pablo Escobar Gaviria dan pistas del romance que empezaba a surgir entre el fallecido capo del Cartel de Medellín y Virginia Vallejo. Se incluyen en la página 61 del explosivo libro ‘Amando a Pablo, odiando a Escobar’ que la ex diva de la TV de Colombia sacó a la luz en el 2007 y cuyas repercusiones aún impactan.

La publicación no solo saca a la luz los entretelones de la relación sentimental que, entre 1983 y 1987, causó revuelo. Además, ventila los esfuerzos y las excentricidades que están dispuestos a realizar los cabecillas del crimen organizado como Escobar para liarse con una o más mujeres bellas. En los años de ‘bonanza’, el capo ocupaba el séptimo lugar en la nómina de los hombres más ricos del planeta según la revista Forbes.

En su libro, Vallejo, en su tiempo una exitosa presentadora de televisión, además de escritora y periodista, también arroja dardos a tres ex presidentes colombianos: Alfonso López Michelsen, Ernesto Samper y Álvaro Uribe, por los supuestos nexos de estos con las mafias. La ex amante del mayor capo del nacrotráfico en Colombia luego fue sacada a los Estados Unidos, para recibir el tratamiento de testigo protegida en las causas que se realizan en ese país a señalados narcos. Entre ellos se encuentran los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, jefes del Cartel de Cali y enemigos a muerte de Escobar.

¿Qué empuja a los patrones del crimen organizado a tener un mujer bella a su lado? José Ángel Hernández, analista español de medios afincado en Colombia, tiene una respuesta. “Es una suerte de tradición enraizada y que forma parte de lo que ya puede denominarse ‘cultura narco’ que se demuestra en manifestaciones así”.

La novela tejida alrededor de Vallejo y Escobar, que refleja la atracción de los cabecillas de los clanes criminales por las beldades, evidencia que este no es un fenómeno nuevo, señala el también catedrático de la privada Universidad de La Sabana de Bogotá.

Hernández sostiene que los elementos de la ‘cultura narco’, que incluyen a la conquista de beldades generalmente ex reinas, modelos y presentadoras de TV e incluso la composición de los llamados ‘narcocorridos’, se riegan en particular en México y también en Colombia porque tienen la envoltura del dinero fácil. Y agrega: “en la sociedad del becerro de oro, en la cual el dinero marca la pauta, se puede decir que el narcotráfico, a pesar de la consiguiente violencia, es visto como el camino más rápido para volverse rico”.

Arturo Santamaría Gómez, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en México, y autor de ‘El culto a las reinas de Sinaloa y el poder de la belleza’, explica los mecanismos que usan los carteles para reclutar a las bellezas y facilitar su paso de las pasarelas a la ‘cultura narco’.

“Tanto en México como en Colombia los concursos de belleza atraen a decenas de narcotraficantes que están dispuestos a financiar la postulación de las candidatas y sus ajuares, y que apuestan al derecho de la retribución en sexo y compañía”, anota en declaraciones dadas al mexicano Diario de Yucatán.

Vallejo, quien apareció en la portada de las revistas Bazaar, Cosmopolitan, Al día y otras, no fue la primera ni será la última mujer atractiva que cayó en las redes de los capos del crimen. Su caso volvió al primer plano a renglón seguido de la detención en Ciudad de México de Juliana

Sossa Toro, la ex modelo colombiana de 25 años que convivía con José Jorge Balderas Garza, alias ‘El JJ’. Este es el presunto responsable de la agresión al futbolista paraguayo Salvador Cabañas y el encargado de la finanzas del señalado narcotraficante Édgar Valdez Villarreal, conocido como ‘La Barbie’, detenido el año pasado y acusado de introducir una tonelada de cocaína al mes a EE.UU.

La ex reina de belleza, una trigueña de ojos azules, paradójicamente, carga con la responsabilidad de haber colgado información comprometedora en su cuenta de Facebook, que permitió la captura de ‘El JJ’. En la red social, asimismo, se describe como una mujer con un plan de vida muy definido. Y dice que desea “llegar adonde nadie más lo hará” y que su color favorito es el negro, y San Próspero, su santo de devoción.

Ahora está en la cárcel y lejos de los lujos que gozaba en compañía del jefe de las finanzas del narco ‘La Barbie’ y de los girasoles que tanto le gustan. Imágenes suyas en bikini que ya estaban en Internet rápidamente saltaron a la cabeza de lo más visto en las páginas electrónicas de los diarios

Sossa Toro había sustituido en la lista personal de bellezas de ‘El JJ’ a Silvia Irabién Milke. Esta, durante algunos años fue una de las mujeres más codiciadas de México a raíz de su participación en la segunda temporada en el popular ‘reality show’ televisivo El Gran Hermano, en el 2003.

Otra colombiana atrapada por este mundo es Juliana López Aguirre. Pasó a manos de la Justicia en noviembre pasado, por efecto de la detención junto con su novio Harold Mauricio Poveda Ortega, alias ‘El Conejo’. Fue acusado por autoridades mexicanas como el mayor proveedor de cocaína del clan de los Beltrán Leyva y desde el 2000 había transportado en lanchas rápidas de Colombia a México más de 150 toneladas de cocaína.

En la amplia saga de beldades conquistadas por los capos existe un caso que llama la atención y que tiene como protagonista a la mexicana Laura Elena Zúñiga, ganadora del concurso Nuestra Belleza Sinaloa en el 2008. Fue detenida, en diciembre de ese año, en compañía de su novio,

Ángel Orlando García Urquiza, uno de los líderes del Cartel de Juárez, que libra una guerra a muerte con el Cartel de Sinaloa, por el control de las rutas del narcotráfico y la distribución de las drogas hacia los Estados Unidos, en el estado de Chihuahua.

40 días después de su arresto, Zúñiga fue liberada porque no se encontraron evidencias que la comprometieran en las actividades criminales de la banda de García Urquiza. En su declaración a la Justicia, la mujer aseguró que había sido secuestrada por su novio y que desconocía de las actividades ilícitas de este.

Otro caso de presunto vínculo de una bella y famosa con los poderosos de la mafia involucra a la venezolana Alicia Machado. La ganadora de la corona de la mujer más bella del planeta en 1996 fue relacionada sentimentalmente con el narcotraficante mexicano Gerardo Álvarez Vázquez, ‘El Indio’, quien sería el padre de su hija Dinorah, nacida en el 2008.

Aunque la ex Miss Universo ha negado que Álvarez Vásquez, ahora detenido, sea el padre de su hija, el testimonio de un testigo protegido y que recogió la Procuraduría General de la República de México asegura que en el bautizo de Dinorah, en el 2008, estuvieron presentes los mayores capos de los carteles aztecas. Entre ellos, los hermanos Arturo y Héctor Beltrán, ‘La Barbie’, ‘El Conejo’ y ‘El Indio’.

Como lo dijo El Universal, periódico de México, el pasado 20 de enero, Colombia es cuna de muchas de las bellezas más admirables del continente, pero también de algunos de los capos más peligrosos. En ocasiones a esas mujeres y esos hombres, por distintos que parezcan, los unen el narcotráfico y el poder.

Añade que la vinculación de las mujeres con el narcotráfico se ha extendido. A mediados de 2010, el Instituto Nacional de las Mujeres aseguró que en los últimos tres años se había incrementado en 400% el número de mujeres detenidas por participar en actividades ligadas al tráfico de drogas. De entre ellas destacan algunas no por sus dotes sanguinarios u operativos, como lo suelen hacer los capos, sino por su belleza física.
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