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La familia Onofre desde hace un siglo participa en los preparativos de la peculiar fiesta del Novillo de Bombas, que se desarrolla dos veces al año en Mira, Carchi.

Edmundo Onofre, de 58 años, heredó de su abuelo y su padre la tradición de amarrar a un toro de lidia cuernos artificiales cubiertos con ramas de penca y sebo, envueltos en retazos de tela de hilo.

A las 22:00 se enciende la cornamenta para dar inicio a la inusual corrida de toros. Don Edmundo, como le dicen todos, observa hasta los mínimos detalles de esta fiesta, que se hace desde tiempos remotos.

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Sus ojos verdes miran cómo se encienden los cuernos del toro, se quema la chamiza y se prende el castillo de juegos pirotécnicos. Aunque este año ese orden se invirtió, porque los encargados de traer al animal desde los páramos de La Libertad tuvieron problemas para atrapar la res.

El estadio Galo Plaza, donde se realiza la corrida y con capacidad para 7 000 personas, estuvo abarrotado el sábado último. La banda de pueblo de San Roque, de Imbabura, amenizó el encuentro. Desde hace 32 años, el Novillo de Bombas, como se le califica a la fiesta nocturna, única en el país, es el número principal de la fiesta de cantonización de Mira, que se conmemora los 18 de este mes.

A las 20:30 se prendieron los juegos pirotécnicos elaborados por artesanos de San Gabriel, Carchi. De la estructura de carrizo y madera de 20 metros se proyectaba figuras de la ‘Churona’, patrona de Mira, y al escudo local. El artesano Cristian Cadena llegó por primera vez a esta localidad con el castillo de cinco pisos.

Onofre entra en acción una vez que el animal es descendido del vehículo. Unos 12 hombres del Grupo El novillo le tumban y amarran al animal de 400 kilos. Con sus manos grandes y fuertes, el campesino acopla un cuerno postizo con una cuerda de cuero de chivo. Laureano Guerrero, de 58 años, hace lo mismo con la otra cornamenta. El toro de pelaje negro toma bríos al ponerse en pie. Con los cuernos prendidos persigue a todos quienes se exponen a retarlo. Unas 1 000 personas están en alerta para evitar la embestida. Las escapadas del animal, a ratos, ponen en apuros a los 12 hombres que con una cuerda de manila sujetan a la res. Tras 40 minutos el fuego de las bombas se extingue y pone fin al novillo. El animal agotado es transportado a los páramos. Onofre espera participar en la siguiente fiesta, en febrero por la Virgen.


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